viernes, 23 de octubre de 2015

SPAIN, SIGLO XXI: FILOSOFÍA EN LA ESCUELA. RELIGIÓN EN LA IGLESIA

Declaraciones del filósofo, Emilio Lledó, en el diario La Vanguardia, 23 octubre 2015.

 
Por Vicente A. Fontelos.
 
El filósofo, Emilio Lledó, denunció el pasado viernes la contradicción de que, en España, parte de la ciudadanía se escandalice cuando se propone retirar la asignatura de religión  católica en las escuelas  y, en cambio, no lo hagan con la retirada de una Ciencia Pura como la Filosofía, como prevé la nueva ley de educación, LOMCE. Recordemos que dicha legislación fue promovida por el ex ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, nombrado el 22 de diciembre de 2011 por el Rey Juan Carlos I, a propuesta del presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy.

lunes, 21 de septiembre de 2015

LA ESTOCADA POLÍTICA DE GASOL

Fotografía de Gasol en el diario francés L'Équipe. Sábado, 19 septiembre 2015. © Richard Martin / L’Équipe.
Por Vicente A. Fontelos.


sábado, 8 de agosto de 2015

1945: ECLOSIÓN DE UNA NUEVA ERA

La prueba Trinity, realizada a las 05:29:21 del 16 de julio de 1945, en el Desierto Jornada del Muerto (Nuevo México), fue la primera explosión nuclear de la historia. La imagen reproduce la detonación de la bomba sucedida a los 0.025 segundos, donde se aprecia la formación de una semiesfera con una altura en torno a 200 metros. © Copyright 2015 LANS, LLC.

Por Vicente A. Fontelos
 
A lo largo de la historia de la humanidad, siempre se ha entendido que uno de los pecados mortales de lo político era que la existencia de todo un pueblo fuera arrasada; incluidos la destrucción de los muros de su ciudad, el asesinato de toda la población masculina adulta y el sometimiento a la esclavitud del resto de la población. Y aunque ese hecho hubiera ocurrido antes de la Edad Moderna, es fundamentalmente en el tiempo transcurrido durante los siglos de ésta cuando dicho ejemplo de aniquilación se suponía desterrado de la acción humana. Hasta entonces, según Hannah Arendt, el poder de destruir y el poder de producir se equilibraban como en una balanza. La fuerza que destruía el mundo y ejercía violencia sobre él aún era la misma que la de nuestras manos, que intervenían vulnerando la naturaleza y aniquilaban algo natural para crear dicho mundo —por ejemplo, la tala de un árbol para obtener madera y producir alguna cosa con dicho material[1].
Pero el descubrimiento de la energía atómica podría alterar esta situación, ya que no se ponen en marcha procesos naturales sino métodos que no son terrenales. Estos procesos provienen del universo que rodea a la Tierra, y el hombre, al violentarla, ya no se comporta como un ser vivo, sino como un ser capaz de crear el universo. “El horror que se apoderó de la humanidad cuando supo de la primera bomba atómica fue el horror ante esta fuerza (en el sentido más verdadero de la palabra sobrenatural) procedente del universo”[2]. La predicción de Nietzsche, en Así habló Zaratustra: «¡Será posible! ¡Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto!», se vio de pronto confirmada.

Con Hiroshima se sobrepasó, quizá por primera vez en la Edad Moderna, "una limitación inherente a la acción violenta, limitación según la cual la destrucción generada por los medios de violencia siempre debía ser parcial, afectar sólo a algunas zonas del mundo y a un número determinado de vidas humanas pero nunca a todo un país o un pueblo entero"[3].

Si la guerra total y de aniquilación tenía su origen en los totalitarismos, a los que estaba indefectiblemente unida como única forma de adecuación a su ideología bélica de aplicación del horror; resulta paradójico que, finalizando la II Guerra Mundial,  los países gobernados de forma totalitaria impusieran esa filosofía al mundo no totalitario. Se abría ante el hombre una nueva era que, tal vez, marcaba el fin del espíritu de la Ilustración:
 
No obstante, la Edad Moderna no es lo mismo que el Mundo Moderno. Científicamente, la Edad Moderna que comenzó en el siglo XVII terminó al comienzo del XX; políticamente, el Mundo Moderno, en el que hoy día vivimos, nació con las primeras explosiones atómicas (...) El propósito del análisis histórico es rastrear en el tiempo la alienación del Mundo Moderno, su doble huida de la Tierra al universo y del mundo al yo, hasta sus orígenes, con el fin de llegar a una comprensión de la naturaleza de la sociedad tal como se desarrolló y presentó en el preciso momento en que fue vencida por el advenimiento de una nueva y aún desconocida era.[4]
 
Esa manifestación fue prontamente narrada en el periodismo y la literatura.
Como un excelente ejemplo del primer género, tenemos el artículo Hiroshima, de John Hersey, publicado en la edición del 31 de agosto de 1946 de The New Yorker y después en formato de libro. El título del capítulo primero, “A Noiseless Flash” y, el final del primer párrafo,  son suficientes para describir ese pavor que se abría ante la nueva Era:
 
La bomba atómica mató a cien mil personas, y estas seis estuvieron entre los sobrevivientes. Todavía se preguntan por qué sobrevivieron si murieron tantos otros. Cada uno enumera muchos pequeños factores de suerte o voluntad —un paso dado a tiempo, la decisión de entrar, haber tomado un tranvía en vez de otro— que salvaron su vida. Y ahora cada uno sabe que en el acto de sobrevivir vivió una docena de vidas y vio más muertes de las que nunca pensó que vería. En aquel momento, ninguno sabía nada.[5]
 
Como ejemplo del impacto en la literatura, apaleamos a Les mandarins, de Simone de Beauvoir, publicada en 1954 y ganadora del Premio Goncourt. Una parte de la novela se desarrolla en coincidencia temporal con dicho momento histórico. Los personajes se enteran, a través de unos titulares periodísticos, del lanzamiento de la primera bomba atómica sobre Hiroshima y quedan horrorizados. Posteriormente, dos de ellos mantienen un diálogo sobre las dudas surgidas en torno al ejercicio de la literatura en esos malos tiempos. Mientras uno se muestra completamente escéptico con respecto a su utilidad; el otro justifica su existencia, no como un acto narcisista de contar historias propias—aunque sean miserables o patéticas—, sino como acto de creación que ayude en el encuentro y la conciliación con otros seres humanos.
 
—¿No puedo leer algunas páginas de su manuscrito? ¿En qué está exactamente?
—preguntó Enrique aquella tarde en que sentado a la sombra de un café en Valencia [Francia] esperaban que el calor cediera.
—Escribo un capítulo sobre la idea de cultura —dijo Dubreuilh—; ¿qué quiere decir ese hecho de que el hombre no pare de hablar de sí mismo? ¿Y por qué ciertos hombres deciden hablar de otros? En otros términos, ¿qué es un intelectual? ¿Esta decisión no hace de ellos una especie aparte? ¿Y en qué medida la humanidad puede reconocerse en la imagen que se da de sí misma?
—¿Y cuál es su conclusión? —dijo Enrique—. ¿Qué la literatura conserva un sentido?
—Por supuesto.
—¡Escribir para demostrar que uno tiene razón! —dijo Enrique riendo—. Es maravilloso. Dubreuilh lo miró con curiosidad:
—Vamos, usted volverá a empezar uno de estos días.
—No hoy en todo caso —dijo Enrique.
—Hoy o mañana, qué importancia tiene.
—Tampoco será para mañana.
—¿Pero por qué? —dijo Dubreuilh.
—Usted escribe un ensayo, es distinto; pero escribir una novela en este momento, admita que es descorazonador.
—¡No lo admito! Y nunca he comprendido por qué ha abandonado la suya.
—Es por su culpa —dijo Enrique sonriendo.
—¡Cómo mi culpa! —Dubreuilh se volvió con indignación hacia Ana—. ¿Lo oyes?
—Usted me predicó la acción: y la acción me asqueó de la literatura —Enrique hizo una seña al camarero, que dormitaba de pie contra la caja—. Quisiera otra cerveza. ¿Usted no?
—No, tengo demasiado calor —dijo Ana.
Dubreuilh hizo sí con la cabeza:
—Explíquese —repitió.
—¿Qué cuerno le importa a la gente lo que yo pienso o lo que yo siento? —dijo Enrique—. Mis miserables historias no interesan a nadie; y la gran historia no es un tema de novela.
—Pero todos tenemos nuestras pobres historias que no interesan a nadie —dijo Dubreuilh—; por eso nos encontramos en las del vecino, y si sabe contarlas, finalmente interesa a todo el mundo.
—Eso es lo que yo pensaba al empezar mi libro —dijo Enrique. Tomó un trago de cerveza. No tenía ganas de explicarse. Miró a los dos viejos que jugaban al chaquete en el extremo de la banqueta roja. ¡Qué paz en esa sala de café; otra mentira! Hizo un esfuerzo para hablar. Lo fastidioso —dijo— es que la parte personal de una experiencia, son errores, espejismos.
—No veo lo que quiere decir —dijo Dubreuilh.
Enrique vaciló:
—Supongamos que usted ve luces, de noche, al borde del agua. Es lindo. Pero cuando sabe que iluminan suburbios donde la gente revienta de hambre, pierden toda su poesía, no es sino una ilusión óptica. Usted me dirá que se puede hablar de otra cosa; por ejemplo: de esa gente que revienta de hambre. Pero entonces prefiero referirme a ella en mis artículos o en un mitin.
—Yo no le diría eso de ninguna manera —dijo Dubreuilh vivamente—. Esas luces brillan para todo el mundo. Evidentemente, primero es necesario que la gente coma; pero de nada sirve comer si nos suprimen todas las pequeñas cosas que dan placer a la vida. ¿Por qué viajamos? Porque pensamos que los paisajes no son ilusiones ópticas.
—Pongamos que un día todo eso recobrará un sentido —dijo Enrique—. ¡Por el momento hay tantas cosas más importantes!
—Pero eso tiene un sentido hoy —dijo Dubreuilh—. Cuenta en nuestras vidas, entonces tiene que contar en nuestros libros —agregó con brusca irritación—. ¡Parecería que la izquierda está condenada a una literatura de propaganda en la cual cada palabra debe ser edificante!
—Ah, no me gusta ese género de literatura —dijo Enrique.
—Ya lo sé, pero no ensaya otra cosa. ¡Sin embargo, hay de qué ocuparse! —Dubreuilh miró a Enrique con aire apremiante—. Por supuesto, si escribe haciendo maravillas sobre esas lucecitas, olvidando lo que significan, uno es un cochino; pero justamente: encuentre una manera de hablar de ellas que no sea la de los estetas de derecha; haga sentir a la vez lo que tienen de lindo y la miseria de los suburbios. Eso debería proponerse una literatura de izquierda —agregó con voz animada—, hacernos ver las cosas con una nueva perspectiva, reponiéndolas en su lugar verdadero; pero no empobrezcamos el mundo. Las experiencias personales, lo que usted llama espejismos, existen. [6]
[1] Arendt, Hannah. ¿Qué es la política? Ed. Paidós, Barcelona, 1997, pág. 105.
[2] Ibid., pág., 103.
[3] Ibid., pág., 101.
[4] Arendt, Hannah. La condición humana. Barcelona. Paidós, 1993, pp. 18-19.
[5] Hersey, John. Hiroshima, Ed. Turner, Madrid, 2002.
[6] Beauvoir, Simone de. Los Mandarines. Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1968.

domingo, 5 de julio de 2015

POR SUPUESTO, GRECIA NO SE PARECE A ESPAÑA


Entrevista de Hitler y Franco en Hendaya, 1940 (i). Los alemanes izan la bandera nazi en la Acrópolis de Atenas, 1941.

Por Pino Fontelos.


Grecia es una República con el lema: «Ελευθερία ή Θάνατος». «Libertad o muerte».
España no.
Grecia participó en la Gran Guerra al lado de los aliados. Su territorio fue invadido por tropas alemanas y austríacas, pero los griegos ofrecieron una valerosa lucha para evitar que llegaran a las costas del mar Egeo, y lo consiguieron.
España, fue neutral, pero en su mayoría era germanófila.
En 1940, Italia declaró la guerra a Grecia, pero el pueblo griego detuvo a los fascistas de Mussolini. Hitler intervino para ocupar el país en 1941 y los nazis amenazaron con bombardear la Acrópolis hasta su total destrucción. Los griegos ofrecieron una valiente resistencia (especialmente de los comunistas), protagonizando acciones heroicas contra las tropas alemanas como la voladura del puente de Georgopotamos. Miles de judíos griegos (especialmente de Salónica) fueron enviados a los campos de exterminio de Auschwitz y Treblinka. De los casi 60.000 judíos griegos deportados, sobrevivieron solo 200.
España apoyó a sus amigos de Alemania e Italia, como declararon importantes dirigentes; falangistas como José María de Areilza, en 1937; o el propio dictador Francisco Franco y su famosa entrevista en Hendaya, en 1940, con su homólogo nazi, Adolf Hitler.
Grecia sufrió un golpe de estado militar en 1967, conocido como «de los Coroneles», con apoyo tibio del rey Constantino. La oposición a la dictadura originó su fuerza en las revueltas estudiantiles, como los incidentes de la Escuela Politécnica de Atenas, en 1973. La dictadura griega cayó en 1974. Se restableció la constitución de 1952 y en un referéndum los griegos aprobaron la república. El rey Constantino, hermano de Sofía de Grecia, fue visto por los griegos como un colaborador del golpe de los militares, y abandonó Grecia junto con toda su familia. El Estado griego confiscó los bienes de la Familia Real griega y «Los Coroneles» fueron condenados a cadena perpetua.
En España, la hermana del rey Constantino se casó con Juan Carlos de Borbón, en España. La dictadura franquista, legitimó en un referéndum la figura de los príncipes Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia, siguiendo el espíritu de los Principios del Movimiento, en su punto número VII: “El pueblo español, unido en un orden de Derecho, informado por los postulados de autoridad, libertad y servicio, constituye el Estado Nacional. Su forma política es, dentro de los principios inmutables del Movimiento Nacional y de cuanto determinan la Ley de Sucesión y demás Leyes fundamentales, la Monarquía tradicional, católica, social y representativa”. El dictador Francisco Franco murió en la cama, en 1975; y el príncipe fue nombrado Rey, jurando en las Cortes Franquistas esos mismos principios de la Dictadura, en 1975. Tampoco nos parecemos en la cuestión de los sucesores legítimos hereditarios de la jefatura del Estado —la dinastía históri­ca de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, en su orden regular de primogenitura y representación—, que se han enriquecido durante la vigencia del régimen político de la Monarquía parlamentaria, con corrupción incluida.
Evidentemente, España no es Grecia, como decía el pusilánime Mariano Rajoy. Cuyo padre político, Manuel Fraga, se amamantó en política de manos de un régimen político que jamás se enfrentó contra el nazismo o el fascismo, como lo hicieron los griegos o esos 500.000 soldados americanos que murieron en la Segunda Guerra Mundial luchando en guerra contra Hitler, y que honran con sus cruces la mayoría de las carreteras secundarias de Europa. Tumbas que no caen en el olvido —«como Algo perteneciente al pasado»— ni de sus familiares, ni de los países europeos, porque significa un sacrificio recordado con orgullo, año tras año, por las poblaciones de esos países, como demostración por la valentía de esos millones de hombres y mujeres que entregaron su vida por la causa de la democracia, contra el monstruo nazi y fascista que quiso encadenar  su libertad.
Evidentemente, Grecia no es España. ¡Y ya quisiéramos poseer ese patriotismo y valentía! Con el resultado del «No» en el referéndum del hermano país europeo griego, han mentido aquellos dirigentes políticos que han dicho: con dicho resultado Grecia saldría del Euro. Falsedad, porque legalmente es imposible. Y en cuanto a salir de la Unión Europea... ¿Qué país puede erigirse en «Ser» más europeo sino aquel que, a través de sus ciudadanos y filósofos, creó en la Grecia antigua la idea de Occidente y Democracia? Tal vez, la dimisión debieran planteársela, en los países de la Unión Europea, aquellos jefes de Estado o presidentes de Gobierno que no poseen ninguno de los atributos descritos.

viernes, 29 de mayo de 2015

DEMÓCRATAS RADICALES VERSUS LIBERALES FACHAS


Michelle Obama. 2014.

 
Por Pino Fontelos


Debemos comenzar a tomarnos en serio las estrategias contrarrevolucionarias, en los intentos de institucionalización de un Estado contrario a la democracia, al estilo de la lanzada en los últimos días por la «duquesa de la Corrupción», Esperanza Aguirre. Al autocalificarse como liberal, tal vez ignore la importante parte de radicalismo democrático incluido en el bagaje ideológico de pensadores y políticos como Thomas Paine o Thomas Jefferson. Por supuesto, además, desconhoce el origen de la palabra «soviet» (asamblea o consejo, en ruso). También incluirá a Michelle Obama como activista comunista por su dirección, en Chicago, de una organización sin ánimo de lucro, Public Allies,[1] cuyo objetivo es la elaboración de estrategias de participación cívica en la búsqueda del «liderazgo» (talento, en catalán), para el desarrollo de colectividades con necesidades sociales.
Históricamente, el gobierno de la élite ha concebido la idea de la democracia como su antítesis y su enemigo natural. La «tiranía de la mayoría» y el fantasma del «socialismo» suelen ser las proyecciones lanzadas por los conservadores, los líderes empresariales o los pensadores de los think tanks de la derecha «intensa», cada vez que surge entre la ciudadanía una oportunidad de control gubernamental de sus prácticas corruptas; o la coyuntura real de mejorar las oportunidades de la sociedad mediante programas políticos apegados realmente a la ciudadanía.
La realidad es que los verdaderos ataques y amputaciones acometidos contra las libertades políticas, civiles y económicas en las sociedades democráticas, no han llegado de unas mayorías tiránicas representativas de los pobres o  de las clases medias, sino de los representantes de esas élites mencionadas. En la castiza tradición política española, tan solo tenemos que recordar ejemplos como «caciquismo» o «franquismo» para visualizar en nuestra mente el núcleo de ese proceder.
El problema no proviene realmente de las mayorías y su intención, según los maliciosos argumentos de manipulación aireados por las élites, de una pretendida avidez por saquear tanto a los privilegiados como a las arcas públicas ‒esto último lleva a los españoles a la habitual sorna e ironía; pero, de una vez por todas, deberíamos tomarnos los asuntos de corrupción no en forma de chiste sino con la seriedad que requiere, comenzando por la intención de que tales casos sean juzgados por magistrados populares elegidos por sorteo (a imitación de los antiguos y democráticos dicasterión griegos)[2].
El verdadero problema de este país es el desaliento y la humillación surgidos en esas mismas multitudes, a las que se embriagó con la esperanza de aplicación de economías o programas sociales e igualitarios. Porque, al contrario que en la gran Crisis de 1929 surgida en EE. UU., los que se suicidan ahora en España no son adinerados accionistas y financieros abatidos por la ruina, sino trabajadores de la tierra madre que habían cumplido hasta el último punto de su contrato con la comunidad democrática europea: contribución política, social, laboral, fiscal, financiera e hipotecaria.  
Pero debemos volver a recordar que gobierno y democracia pertenecen a una sustancia diferente dentro de la naturaleza política. La primera es una forma de gestionar el poder y la segunda un tipo de régimen o sistema político. No es una casualidad que, actualmente, las élites dominantes pregonen el atractivo de la democracia, sin otro fin que el de una intención, mediante la confusión en las anteriores concepciones, dirigida a explotar el poder como un instrumento de control y desprecio hacia las mayorías.
En las siguientes palabras resuena el cincelado de un mandamiento más en las Tablas de esa Ley de Élites:
“La educación liberal es el esfuerzo necesario para fundar una aristocracia dentro de la sociedad de masas democráticas”.
Que no provienen de un antiguo tratado del siglo XVII, sino de la cita en una obra de unos de los filósofos políticos más influyentes entre los cargos en asuntos de poder exterior y militar del anterior gobierno de G. W. Bush. Me refiero a Leo Strauss.[3] Y desde luego, al igual que le ocurre a la “ex ministra de Cultura-analfabeta”, E. Aguirre, su definición de educación «liberal» o justicia social, en nada se asocian a los términos que acuñan otros modernos filósofos liberales como Dewey o Rawls.
“La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento”. [4]
 Para los straussianos, «liberal» se identifica con «virtuoso», en la antigua acepción que la palabra virtud (ἀρετῆ) tenía para los aristócratas griegos en tiempos de Homero: habilidad, valentía, generosidad, dominio de sí, fama, bienestar, prestigio y «distinción». Y en nada se asocia con la virtud democrática en el sentido impulsado, luego, por las reformas de Solón en el siglo VI a. e. c.:
“Hay muchos malvados que son ricos mientras que los buenos son pobres; pero nosotros no les cambiaremos la virtud por su riqueza, porque la primera dura siempre, mientras que los bienes de fortuna los posee ora uno, ora otro” [5] (Solón, f. 4D).[6]



[1] Public Allies (Aliados Públicos), es un programa de AmeriCorps que prepara a los jóvenes para el liderazgo en el servicio público.[2] Gregory Vlastos, “Solonian Justice”, Clasical Philology, XLI, APRIL, 1946, p. 72. “Here again Solon's statesmanship is true to the logic of his position as here interpreted: injustice, a public evil, affects everybody; therefore, justice, a public necessity, is everybody's business. The most radical institution of fifth and fourth-century Athens ‒the public dicasteries‒ is no more than a literal application of this very principle”.[3] Leo Strauss, Liberalismo antiguo y moderno, Buenos Aires, Katz, 2007, p. 16.[4] John Rawls, Teoría de la Justicia, 2ª ed., FCE, México, 1995, p. 17.[5] Francisco R. Adrados, Líricos Griegos, Madrid, 1981, p. 190. [6] πολλοὶ γὰρ πλουτοῦσι κακοί, ἀγαθοὶ δὲ πένονται: ║ ἀλλ᾽ ἡμεῖς τούτοις οὐ διαμειψόμεθατῆς ἀρετῆς τὸν πλοῦτον, ἐπεὶ τὸ μὲν ἔμπεδον αἰεί, ║χρήματα δ᾽ ἀνθρώπων ἄλλοτε ἄλλος ἔχει.



lunes, 25 de mayo de 2015

Análisis electorales in situ

Dos miembros de las JJ.SS. de Torrijos. 2014.

 


Por Pino Fontelos

Analizar los resultados electorales al día siguiente de su recuento no suele ser difícil. En el caso de las elecciones Autonómicas y Municipales del 24 de mayo, los hay que aciertan en lo básico. Y los hay que no aciertan ni en eso. Por dos razones, distintas aunque complementarias: o continúan con el mismo discurso anquilosado, ante lo que ha supuesto la metamorfosis promovida por la aparición de nuevas fuerzas políticas, generadas en la sociedad civil española junto a una naciente cultura democrática, por fin; o, sencillamente, siguen sin enterarse de lo que pasa en las calles de España porque normalmente, pertenecen a las tradicionales élites políticas, económicas, empresariales o periodísticas que, durante estos últimos 70 año, han flotado, y flotan, a un par de pasos del suelo donde nos encontramos el resto de los mortales; afortunadamente para algunos de ellos, se posarán cuando enfilen una cola en el INEM, y podrán contárselo al resto de conmilitones.
Antes de ejercer mi derecho al voto, miré en la Red el sitio web del Ministerio del Interior, sobre seguimiento del porcentaje de votación. Y topé con un dato muy extraño: una subida de la abstención en un 2% en la comunidad de Castilla-La Mancha. Eso, era algo absolutamente inusual y contradictorio en unas elecciones tan importantes. A la salida del colegio, saludé a varios candidatos de distintas formaciones políticas y me encontré con la diputada nacional torrijeña, Rocío López, a la que comenté el hecho reflejado en los datos del ministerio, junto a la percepción y mi creencia que esa abstención pertenecía a su formación. Se sorprendió ante la información. Y añadí, que si era cierto, y le sumábamos el nuevo cambio político en puertas de producirse y del ellos aún no se enteraban, perderían en esa localidad y, probablemente, en la comunidad. “No me asustes. ¿Cómo vamos a perder?”, me contesto con su  vocecilla suave. Y nos despedimos, mientras pensaba: "si no se enteran y, mañana, todavía muchos de ellos continuarán igual, pues mucho mejor".
Justo nada más cerrar los colegios electorales, 20:14 h., envié a las jóvenes de la imagen de portada, que actuaban como interventoras de su partido en un colegio electoral en la localidad de Torrijos, dos fotografías tomadas hacia las 19:00 horas de la pantalla de mi ordenador, visualizando esos datos mencionados.
 


Recibí un mensaje de contestación al envío de las fotos:
24/05/2015_20:16:28 h.: “Muy igualado".

 
Medité, e inmediatamente me di cuenta: la abstención provenía de votantes del PP. Y contesté, casi a la vez que se producía la gnôsis:
24/05/2015_20:16:45h: “Un tres por ciento menos de participación. Por primera vez, en unas elecciones en España, un 3% de fachas no han ido a votar por vergüenza torera. Hay esperanza”.
 
Al poco recibí tres mensajes seguidos, confirmando la predicción:
 
24/05/2015 20:40:48: Y Pp: 80.
24/05/2015 20:40:33: Psoe: 102.
24/05/2015 20:40:25: Ganemos 44.

 
Hoy, analizando resultados de Torrijos, he comprobado que en mi cálculo en el Segundo Avance de porcentaje de participación, encontraba un 3,23% de abstención. Y el dato final ha sido de un 3,04% menos del voto al PP con respecto al PSOE, lo que confirmaba mi hipótesis planteada sobre los resultados de abstención, que achacaba a los anteriores votantes del PP en las elecciones de 2011. Y, además, la comprobación real de 208 votos de diferencia a favor del PSOE, sobre los 308 iniciales que había calculado de abstención en el PP.
En cuanto a la traslación a los resultados del voto a las elecciones Autonómicas en la comunidad de Castilla-La Mancha, el porcentaje de diferencia en la abstención entre el 2011 y el 2015: un 3,19%, ha supuesto los mismos efectos, confirmando mi hipótesis tomada in situ. Es decir, mientras sucedían las elecciones y aún no habían cerrado los colegios electorales.
 

jueves, 8 de enero de 2015

Quieren implantar campos de concentración en nuestras calles

 


Por Pino Fontelos.



Una nueva Inquisición religiosa, como las implantadas en siglos anteriores, pretende instaurarse en el siglo XXI. Han aprendido y asimilado el funcionamiento del totalitarismo creado en el siglo pasado y, ahora, pretenden trasladar aquellos campos de concentración a nuestras calles y vidas diarias, como ha ocurrido con el crimen selectivo perpetrado contra los integrantes de la redacción en la revista francesa Charlie Hebdo.
Como aquellas bestias nazis, su principal argumento de convicción ideológica es el derramamiento de sangre mediante la anulación de la dignidad humana, la tortura y el asesinato. En su recién creado infierno terrenal, la ciudadanía que no comparta sus ideas teocráticas de liberación divina: sea atea, cristiana, judía, musulmana o politeísta; demócrata conservadora, demócrata liberal, socialdemócrata o tan solo demócrata, será considerada hereje o infiel, siendo condenada en vida a una ejecución sumaria.
Hemos llegado hasta aquí después de que durante muchos siglos, mujeres y hombres lucharan y sacrificaran sus vidas por un ideal de vida, basado en la libertad, la igualdad, la tolerancia, la fraternidad, los derechos humanos y, al que por supuesto, defenderemos y no estamos dispuestos a renunciar.
JE SUIS CHARLIE HEBDO.
¡NO PASARÁN!