Sunday, 1 June 2014

Festival Viña Rock 2014 y Espíritu de éxtasis



Cartel del Festival Viña Rock 2014 y portada de Espíritu de éxtasis.

 
Al lado, en la carpa de San Miguel Experience, están tocando ahora mismo Los Violadores del Verso. Y seguro que esos le encantan a Liliana. ¿No?

–Sí –asintió la aludida, con una sonrisa de felicidad que no le cabía en la cara, sin saber que eran un grupo de hip hop español. (Fragmento de la novela Espíritu de éxtasis.)
 






La última dosis de éxtasis les había dejado con sensación de ansiedad y un paseo bajo oscuridad de la noche, respirando la fresca brisa que se movía lenta y silenciosa entre el fragor de los decibelios, les aliviaba de ese regusto amargo. Circulaban entre riadas de sujetos que marchaban de un lado a otro, sin ninguna dirección clara. (Fragmento de la novela Espíritu de éxtasis.)

 

 




–A comulgar –dijo Yojay, repartiendo las bebidas y abriendo la veda de la fiesta.

El grupo, tras la sagrada ingesta química, penetró en las fauces de la carpa donde la banda actuaba haciendo que todo el auditorio vibrara. El lugar era espacioso y no tardaron, tras un breve sorteo de cuerpos movidos por el espléndido y brutal fraseo de consignas, en encontrar un lugar donde formar su círculo, frente al escenario y la gigantesca pantalla que lo enmarcaba desgranando sus imágenes al ritmo de la música. (Fragmento de la novela Espíritu de éxtasis.)
 





   

 En los aledaños se bailaba con ondulaciones del cuerpo acompañando a la ligera y fresca brisa nocturna. Se sumaron a la fiesta allí iniciada; los ritmos salvajes y la voz del cantante se manifestaron cuando penetraron en su interior.  Aquello  era  una  locura  donde  toda  la  multitud botaba al son del machacón sonido, forzando la vibración del entarimado que cubría el suelo. Aunados con la humanidad extasiada, sus miembros se desataron en febriles movimientos y las caras en muecas de sorpresa. El demonio químico recorría cada neurona de sus organismos y la risa brotó espontánea, siguiendo el vestigio de la felicidad y la magia. (Fragmento de la novela Espíritu de éxtasis.)



 
 



Liliana, David y Quique llegaron hasta la gigantesca carpa donde tocaba la banda de raperos. Levantada sobre seis enormes postes que sobresalían desafiando al cielo, se toparon con un enorme pelotón que rebasaba el área montada para el concierto. Habían visto gente circulando por todos lados pero, debido a la oscuridad y al despiste de recién llegados, hasta que no llegaron al borde del lugar no se dieron cuenta de la enorme cantidad de personas que había allí metidas. (Fragmento de la novela Espíritu de éxtasis.)






–¡Qué demasiado! –exclamó Liliana, cautivada de igual manera que David y Yojay por aquellos sonidos–. ¿Oye, en un ratito toca La Mala, no?
–Sí, a las doce y media –contestó David, a quien no le hubiera importado saltarse el concierto de la rapera que, por otra parte, le parecía muy comercial. Pero los deseos de Liliana eran órdenes para él y, si no lo hubiesen sido los hubiese cumplido igual de encantado–. Y después, Wu-Tang Clan ¿Quieres ir, no? (Fragmento de la novela Espíritu de éxtasis.)






 

En el escenario, una entregada orquesta compuesta a la antigua, con voz, guitarra, batería, percusiones, teclados, bajo y coros. (Fragmento de la novela Espíritu de éxtasis.)




           –Está bien un poco de descanso. Desde que hemos llegado, a las nueve, no habíamos sentado  el
trasero –recitó Liliana. (Fragmento de la novela Espíritu de éxtasis.)





 Aceptó el regalo de fresas y perlas de Liliana mientras, a contraluz y por el rabillo del ojo, acertaba a vislumbrar las borrosas siluetas de tres sombras en las que adivinó sonrisas de complicidad y, luego, desaparecieron de su campo de visión; la tierra, el fuego, el aire o el agua se las tragó.
(...)
–¿No te apetecería...? –sugirió Liliana, entre susurros, dejando escapar en el éter de noche la inflamada frase.
–Sí...
–¿Y a dónde podríamos ir? ¿Al coche? –preguntó excitada, sin poder poner freno a su besuqueo. (Fragmento de la novela Espíritu de éxtasis.)


 

Thursday, 17 April 2014

Carta abierta al vicepresidente de FAPE


El vicepresidente del gobierno de España, Alfonso Guerra, en la clausura de las jornadas dedicadas a Julián Besteiro, el 20 de dicembre de 1990, en Toledo. Foto y montaje: Pino Fontelos

                                                               
 
Carta abierta al vicepresidente de la FAPE, Aurelio Martín.

La Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) está a favor de la inclusión de sus miembros asociados, aunque no cumplan los requisitos de titulación, en el futuro Colegio Profesional de Periodistas de Castilla-La Mancha (BOCCLM núm. 142/31-03-2014).

 
Los estudios en Comunicación no se instituyeron para crear barreras entre los futuros compañeros de profesión, sino para garantizar la asimilación de unos saberes que aspiraran al cientificismo, así como una ética y deontología que acompañase a los mismos. Las asociaciones de periodistas deben velar por esas cualidades, pero la inculcación de la epistemología de la disciplina pertenece al ámbito formativo universitario, al igual que en cualquier otra materia científica cultivada. Y por supuesto, menos aún, es obligación de una organización periodística de tipo civil, la de implantar por obligación normas de conocimientos o éticas en un profesión, pues en el fondo ese compromiso pertenece plenamente al ámbito privado de los profesionales formados adecuadamente.

Los estudios de Periodismo existen en EE.UU. desde principios del siglo XX. Walter Lippmann hablaba entonces de las carestías académicas en una actividad tenida hasta entonces como oficio (actitud aún mantenida por organizaciones informativas de España), y de la necesidad de dotar con contenido científico las disciplinas del Periodismo y la Comunicación, pues el espíritu científico se situaría entonces frente a la experiencia del «colmillo retorcido». Y es que le resultaba paradójica la falta de unas normas unificadas de verificación de datos establecidas para la profesión, de la misma manera en que estaban dotadas otras especialidades, ya fueran del mundo judicial o científico.[1]

Casi cien años después, dos autores contemporáneos, Kovach y Rosenstiel, inciden en la formación académica de la misma manera que ya lo hiciera Lippmann, pues vislumbran la posibilidad de que si no existen unas normas de verificación generalizadas y uniformadas, “la información independiente se sustituya por un comercialismo interesado que se deslice como noticia”.[2] Y encuentran una respuesta para anular tal posibilidad: “lo objetivo es el método, no el periodista”.[3]  

Además de ponderar la necesidad del carácter científico al equipararlo con otras ciencias, Lippmann formuló, como motivación para ampliar ese conocimiento, una influencia directa entre la democracia y el periodismo: “La prensa no es tan universalmente perversa ni tan profundamente conspiradora. Es demasiado frágil para hacerse cargo de todo el peso de la soberanía popular (…) En el mejor de los casos, la prensa es sirviente y guardián de las instituciones (…) La prensa no sustituye a las instituciones”.[4]

Las coincidencias de Kovach y Rosenstiel con el maestro americano continúan, cuando citan la noción  de «responsabilidad cívica» del periodista como totalmente necesaria para cimentar la conveniencia y necesidad de unos medios de comunicación independientes. Basando en la «teoría de la democracia» que tengan los periodistas como uno de sus principios fundamentales para la utilidad de la profesión, pues así se proporcionará “a los ciudadanos la información necesaria para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos”.[5] El periodismo anglosajón conforma su ética y deontología en base a esa «responsabilidad cívica». Como dicen Kovach y Rosenstiel, “los periodistas tienen una obligación con su conciencia personal”.[6]  

Por tanto, hace ya muchos años todos esos profesionales que entraron por la «tercera vía» y que forman un grupo de experimentados periodistas –como lo somos otros muchos–, han tenido tiempo de regular sus estudios en base a esa obligación con su conciencia personal. En años anteriores, la defensa de la inclusión de esa «tercera vía» se basaba en la ayuda hacia unos compañeros sin titulación, y de reconocida experiencia, para  que no fueran perjudicados o discriminados económicamente en sus respectivos convenios de empresa, pues realizaban el mismo trabajo que otros compañeros titulados. Y yo apoyé esa situación. Aunque también se acordó tácitamente que esos profesionales irían regulando sus estudios hasta «equipararlos» con los asociados titulados, con la ayuda de la FAPE.

Pero ahora estamos tratando de marcar la línea de inclusión en un Colegio Profesional que, recuerdo, se genera mediante una Ley y no mediante el acuerdo privado determinado por un grupo profesional con intereses comunes como una asociación; éstas, no tienen facultad para impulsar ley alguna. Pues esa línea, al igual que en el resto de Colegios Profesionales, se dibuja bajo el mismo imperio de la ley y el orden que cualquier sociedad avanzada aplica: el de los logros académicos.

Si de fracturas hablamos, creo que tal división en el colectivo vendría provocada por la total falta de compromiso de esos profesionales que no han concluido sus asuntos académicos, pues todo el mundo ha tenido tiempo de ponerse al día –y, por favor, que no se aduzcan motivos personales, familiares, de trabajo, o de cualquier otro tipo para diluir una responsabilidad que creo exigible­–. Si el intrusismo ha sido la lacra de esta profesión y nos ha llevado al borde del precipicio, no ha venido de la mano de aquellos que han invertido tiempo, dinero y esfuerzos en sus estudios universitarios.

Dejémonos ya de «terceras vías» y seamos serios de una vez por todas. Como dice la filósofa María Zambrano: “La historia de España no sigue a la del resto de Occidente; nuestro tiempo no es su tiempo, vamos antes o después, o antes y después -lo cual es tragedia-. España no ha aceptado su historia; hay tantas pruebas de ello...,”.[7] Apostemos sin complejos por la senda que ha permitido a otros países formar democracias y periodismos forjados con el metal de la «cultura democrática», y donde la simbiosis de experimentación y veteranía se acompañan no ya de estudios de Licenciatura o Grado, sino con estudios de postgrado para acompasar la práctica periodística con la investigación, dotando así a nuestra disciplina del peso necesario para convertirla en una reconocida Ciencia Social.



 
[1] W. Lippmann. Liberty and the News.  New Brunswick, N.J., and London: Transaction Publishers, 1995.
[2] B. Kovach and T. Rosenstiel. The elements of journalism: what newspeople should know and the public should expectNew York: Crown Publishers, cop. 2001
[3]  Ibidem.
[4]  W. Lippmann. Public opinion. New York [etc.]: Free Press Paperbacks, 1997.
[5]  Op. cit.
[6] Op. cit.
[7] M. Zambrano. España, sueño y verdad. Barcelona; Buenos Aires: Editora y Distribuidora Hispanoamericana, D.L. 1965.
 
 

Monday, 8 April 2013

HOMENAJE A DAVID HOCKNEY



El recordman de maratón español, Juanfran Romera, se tira a una alberca en Torrijos. Agosto, 1988.




Por Vicente A. Fontelos.


Recientemente encontré el negativo (35 mm) de esta imagen, tomada en el verano de 1988 y lo positivé en papel de gelatina de plata. Casi al instante, mientras la imagen latente se aparecía en el líquido revelador de la cubeta del laboratorio, esa señal activó la información guardada/grabada en algunas de mis sinapsis neuronales, generando un recuerdo vívido de la escena ocurrida en esa tarde veraniega, con las consiguientes emociones: nostalgia, alegría, tristeza… Cada vez que la miro, me transporto al espacio donde fue tomada la instantánea: la alberca de la familia “Chiribitas”, en Torrijos; la huerta de mi amigo Marcial.  



También ocurrió que, inmediatamente, al colgarla para su secado, relacioné la imagen con un cuadro de David Hockney. Y esta primaria analogía entre Pintura y Fotografía, transmutó al poco a una referencia de movimiento, representativa o, como muy bien expresa Roland Barthes, teatral:



Sin embargo, no es (me parece) a través de la Pintura como la Fotografía entronca con el arte, es a través del Teatro. En el origen de la Foto se sitúa siempre a Niepce y a Daguerre (aunque el segundo ha usurpado un poco el sitio al primero); Daguerre, cuando se apropió del invento de Niepce, explotaba en la Plaza del Château (Plaza de la República) un teatro de panoramas animados por movimientos y juegos de luz. La camera obscura, en definitiva, ha dado a la vez el cuadro perspectivo, la Fotografía y el Diorama. Siendo los tres artes de la escena.[1]




[1] BARTHES, Roland (1989 ): La cámara lúcida. Barcelona. Paidós Comunicación, p. 64.




David Hockney. Portrait of an Artist (Pool with two figures), 1972 acrylic on canvas 84x120 in. Colección David Geffen.




Wednesday, 23 January 2013

LA MONSTRUOSA IMPUNIDAD



La escultura Maman, de Louise Bourgeois, frente al Museo Guggenheim de Bilbao. Mayo, 2012.
 
Por Vicente Alonso-Fontelos
El monstruo de la dictadura franquista puso muchos huevos que, estamos descubriendo después de treinta y siete años, continúan eclosionando en forma de una escandalosa corrupción política en España. Con una peculiaridad: casi todos los actores participativos en tal acción delictiva, pese a ser políticos de nuestra joven democracia, se formaron en aquella aciaga cosecha.[1]

De momento, y dado que no se puede pedir la retirada de la esfera pública de todo aquel que a la muerte del dictador tuviera más de veintiún años –aunque no estaría de más su paulatina retirada antes de que se ocupe la biología–, se podría impedir que los hijitos del monstruo afeen nuestra nuestro presente con su retorcido pasado. También cerraríamos el paso, de una vez por todas, a la impunidad que aún pervive implantada en nuestro inconsciente colectivo y se reproduce en el carrusel de sonoros casos de corrupción: desde la del yerno del Rey, a la del tesorero de un partido político, impidiendo que los millones de euros amamantados al calor de su regazo terminen en las sendas alpinas, en vez de, por ejemplo, en la reparación material y moral ‒con cruz y honra‒ de los inocentes sepultados aún en las cunetas de España. En estos tiempos de esperpento, sólo nos faltaba ya que los muertos saliesen de sus tumbas pidiendo la justicia que nunca tuvieron.

Recapitulando sobre los difíciles años de la llamada Transición en este país, y pese a los logros conseguidos en aquella importante tarea, nos topamos con un error de bulto: se combinó la concordia con la impunidad. Ninguna democracia puede aplicar soluciones de punto final a los participantes en el sostenimiento de la represión cotidiana y asesina en semejantes regímenes políticos, y debe juzgarlos por delitos de lesa humanidad, como se está haciendo en Argentina. Además, debe inhabilitar a los partícipes fundamentales en la construcción de la arquitectura del horror. Y nunca, jamás, homenajear a los colaboradores por omisión, sean arquitectos, jueces, maestros, obreros, sacerdotes o vedettes. Tal error implanta en el seno de una sociedad democrática un virus perverso, ante el cual algunas constituciones europeas se protegieron justamente y con rapidez ‒como hizo Italia tras la Segunda Guerra Mundial‒, con el fin de instaurar la ejemplaridad.[2] Esta es la única fórmula para lograr la implantación de una cultura democrática en un pueblo: ningún crimen, asesinato, violación, maltrato, vejación, robo, secuestro, humillación, delito, en suma, se perdonará con una declaración de buenas intenciones y una oración por el futuro.

Muchos de los que aún no tenían la mayoría de edad cuando fue aprobada la Constitución española, en 1978, consideran necesario afrontar una reforma de nuestro sistema democrático, una vez que estos coetáneos no tienen hipoteca alguna con el pasado ‒dada la inexistencia o la ya desaparición de familiares implicados en la dictadura‒; ni la entonces urgente necesidad de los partidos en la obtención del poder político ante la amenaza del poder militar de la dictadura. Esta inclusión de las nuevas generaciones en aquel contrato social, llamado Transición, sería una forma de cerrar la etapa negra de nuestra historia, y de implantar la ejemplaridad como una categoría política en nuestra sociedad. El filósofo Javier Gomá hablaba de “recuperar la noción de ejemplaridad política en el seno de la teoría democrática”. Ya, pero ¿y si en España, en realidad, estábamos huérfanos tanto de una como de la otra?
 




[1] No hay que olvidar que, en el origen y consolidación del desarrollo de prácticas corruptas, también existe un sustrato cultural previo que, en ocasiones, tiene que ver con una ética económica premoderna y una desconfianza en la ética de las instituciones y de la sociedad en general. (Lamo de Espinosa, 1997, en Manuel Villoria y Fernando Jiménez. La corrupción en España (2004-2010): datos, percepción y efectos).
 
[2] XII Disposición Transitoria y Final de la Constitución de la República Italiana de 1948: Se prohíbe bajo cualquier forma posible la reorganización del disuelto partido fascista. Por excepción a lo dispuesto en el artículo 48, se establecerán por ley, durante período no superior a un quinquenio desde la entrada en vigor de la Constitución, limitaciones temporales al derecho de voto y a la elegibilidad para los jefes responsables del régimen fascista.
 

Saturday, 25 August 2012

Mete en cintura a un patriota



Fotomontaje. Facultad de Ciencias de la Información, Madrid. 21 de mayo de 2012. Photo: Vicente A. Fontelos


Por Vicente A. Fontelos

El partido fundado por un ministro de la dictadura franquista pretende ‘meter en cintura’ a las personas trabajadoras de España, ahora en paro a su pesar. Los hijos de aquel legado vuelven por sus fueros de apretar las tuercas a los patriotas que durante siglos han sostenido a esta nación.
 
Ahora, en pleno siglo XXI, los nacidos del privilegio volverán a dar una lección a los oriundos del sudor en la frente. Si durante la ignominiosa etapa de cuarenta años, y sin ningún remordimiento, muchos de estos notables se hicieron con los puestos clave en la estructura del Estado al convertirse en privilegiados burócratas de un país al que consideraban de su exclusiva propiedad, por qué iban a manifestar contrición alguna cuando han decidido expulsar de una maquinaria considerada de uso propio a los verdaderos funcionarios públicos; o desasosiego en asfixiar a otros empleados hasta lo insostenible, si ni siquiera han consentido que muchos de esos ciudadanos encontraran a sus familiares en las fosas franquistas para rescatar su recuerdo y permitirles descansar en paz.
  
Pero cuidado. Algunos retoños del constitucionalismo americano como Thoreau o Emerson, en el siglo XIX, introdujeron en el vocabulario político nociones como “desobediencia civil” o not in my name. Y algunos historiadores y teólogos españoles como Francisco de Vitoria o Juan de Mariana, en el siglo XVI, se colocaron a la vanguardia de los derechos de las personas. En su obra De rege et regis institutione, el talaverano estableció que los gobiernos y los reyes existen en función de la sociedad humana, y no al contrario; y formuló una teoría coherente y lúcida al justificar el tiranicidio. Sin llegar a ese extremo, la obtención de una mayoría parlamentaria, en un sistema político de democracia representativa, no recubre a estos representantes de un ilimitado poder para cometer injusticias con el pueblo soberano.