Wednesday, 23 January 2013

LA MONSTRUOSA IMPUNIDAD



La escultura Maman, de Louise Bourgeois, frente al Museo Guggenheim de Bilbao. Mayo, 2012.
 
Por Vicente Alonso-Fontelos
El monstruo de la dictadura franquista puso muchos huevos que, estamos descubriendo después de treinta y siete años, continúan eclosionando en forma de una escandalosa corrupción política en España. Con una peculiaridad: casi todos los actores participativos en tal acción delictiva, pese a ser políticos de nuestra joven democracia, se formaron en aquella aciaga cosecha.[1]

De momento, y dado que no se puede pedir la retirada de la esfera pública de todo aquel que a la muerte del dictador tuviera más de veintiún años –aunque no estaría de más su paulatina retirada antes de que se ocupe la biología–, se podría impedir que los hijitos del monstruo afeen nuestra nuestro presente con su retorcido pasado. También cerraríamos el paso, de una vez por todas, a la impunidad que aún pervive implantada en nuestro inconsciente colectivo y se reproduce en el carrusel de sonoros casos de corrupción: desde la del yerno del Rey, a la del tesorero de un partido político, impidiendo que los millones de euros amamantados al calor de su regazo terminen en las sendas alpinas, en vez de, por ejemplo, en la reparación material y moral ‒con cruz y honra‒ de los inocentes sepultados aún en las cunetas de España. En estos tiempos de esperpento, sólo nos faltaba ya que los muertos saliesen de sus tumbas pidiendo la justicia que nunca tuvieron.

Recapitulando sobre los difíciles años de la llamada Transición en este país, y pese a los logros conseguidos en aquella importante tarea, nos topamos con un error de bulto: se combinó la concordia con la impunidad. Ninguna democracia puede aplicar soluciones de punto final a los participantes en el sostenimiento de la represión cotidiana y asesina en semejantes regímenes políticos, y debe juzgarlos por delitos de lesa humanidad, como se está haciendo en Argentina. Además, debe inhabilitar a los partícipes fundamentales en la construcción de la arquitectura del horror. Y nunca, jamás, homenajear a los colaboradores por omisión, sean arquitectos, jueces, maestros, obreros, sacerdotes o vedettes. Tal error implanta en el seno de una sociedad democrática un virus perverso, ante el cual algunas constituciones europeas se protegieron justamente y con rapidez ‒como hizo Italia tras la Segunda Guerra Mundial‒, con el fin de instaurar la ejemplaridad.[2] Esta es la única fórmula para lograr la implantación de una cultura democrática en un pueblo: ningún crimen, asesinato, violación, maltrato, vejación, robo, secuestro, humillación, delito, en suma, se perdonará con una declaración de buenas intenciones y una oración por el futuro.

Muchos de los que aún no tenían la mayoría de edad cuando fue aprobada la Constitución española, en 1978, consideran necesario afrontar una reforma de nuestro sistema democrático, una vez que estos coetáneos no tienen hipoteca alguna con el pasado ‒dada la inexistencia o la ya desaparición de familiares implicados en la dictadura‒; ni la entonces urgente necesidad de los partidos en la obtención del poder político ante la amenaza del poder militar de la dictadura. Esta inclusión de las nuevas generaciones en aquel contrato social, llamado Transición, sería una forma de cerrar la etapa negra de nuestra historia, y de implantar la ejemplaridad como una categoría política en nuestra sociedad. El filósofo Javier Gomá hablaba de “recuperar la noción de ejemplaridad política en el seno de la teoría democrática”. Ya, pero ¿y si en España, en realidad, estábamos huérfanos tanto de una como de la otra?
 




[1] No hay que olvidar que, en el origen y consolidación del desarrollo de prácticas corruptas, también existe un sustrato cultural previo que, en ocasiones, tiene que ver con una ética económica premoderna y una desconfianza en la ética de las instituciones y de la sociedad en general. (Lamo de Espinosa, 1997, en Manuel Villoria y Fernando Jiménez. La corrupción en España (2004-2010): datos, percepción y efectos).
 
[2] XII Disposición Transitoria y Final de la Constitución de la República Italiana de 1948: Se prohíbe bajo cualquier forma posible la reorganización del disuelto partido fascista. Por excepción a lo dispuesto en el artículo 48, se establecerán por ley, durante período no superior a un quinquenio desde la entrada en vigor de la Constitución, limitaciones temporales al derecho de voto y a la elegibilidad para los jefes responsables del régimen fascista.
 

Saturday, 25 August 2012

Mete en cintura a un patriota



Fotomontaje. Facultad de Ciencias de la Información, Madrid. 21 de mayo de 2012. Photo: Vicente A. Fontelos


Por Vicente A. Fontelos

El partido fundado por un ministro de la dictadura franquista pretende ‘meter en cintura’ a las personas trabajadoras de España, ahora en paro a su pesar. Los hijos de aquel legado vuelven por sus fueros de apretar las tuercas a los patriotas que durante siglos han sostenido a esta nación.
 
Ahora, en pleno siglo XXI, los nacidos del privilegio volverán a dar una lección a los oriundos del sudor en la frente. Si durante la ignominiosa etapa de cuarenta años, y sin ningún remordimiento, muchos de estos notables se hicieron con los puestos clave en la estructura del Estado al convertirse en privilegiados burócratas de un país al que consideraban de su exclusiva propiedad, por qué iban a manifestar contrición alguna cuando han decidido expulsar de una maquinaria considerada de uso propio a los verdaderos funcionarios públicos; o desasosiego en asfixiar a otros empleados hasta lo insostenible, si ni siquiera han consentido que muchos de esos ciudadanos encontraran a sus familiares en las fosas franquistas para rescatar su recuerdo y permitirles descansar en paz.
  
Pero cuidado. Algunos retoños del constitucionalismo americano como Thoreau o Emerson, en el siglo XIX, introdujeron en el vocabulario político nociones como “desobediencia civil” o not in my name. Y algunos historiadores y teólogos españoles como Francisco de Vitoria o Juan de Mariana, en el siglo XVI, se colocaron a la vanguardia de los derechos de las personas. En su obra De rege et regis institutione, el talaverano estableció que los gobiernos y los reyes existen en función de la sociedad humana, y no al contrario; y formuló una teoría coherente y lúcida al justificar el tiranicidio. Sin llegar a ese extremo, la obtención de una mayoría parlamentaria, en un sistema político de democracia representativa, no recubre a estos representantes de un ilimitado poder para cometer injusticias con el pueblo soberano.

Friday, 27 July 2012

Dignidad minera democrática



Mineros de Linares se manifiestan en una sucursal bancaria. Toledo. 1991. Foto: Vicente A. Fontelos



En memoria de Gregorio Peces-Barba


Por Vicente A. Fontelos

La minería no se puede convertir en un problema de orden público, pues si se hace ignorando el tema, se es irresponsable. Pero si, a sabiendas, se instaura dicha estrategia como solución al problema, es cosa propia de políticas autoritarias.
Y no se puede, como ha hecho un representante del Estado, utilizar las herramientas de la comunicación política para insultar a unos españoles que se meten a laborar, bajo tierra, jugándose la vida para obtener su pan y nuestra energía. De tal forma, se enseña la patita de la metáfora para que otros recojan el mensaje y enseñen las fauces, como algunos repugnantes y miserables cobardes hicieron, que tildaron a nuestros mineros de ser una clase privilegiada por sus peticiones de trabajo y pensiones dignas para su futuro con gravamen.

Tal impostura supone un grave desconocimiento de la historia o, en el caso más grave, su ominosa manipulación, pues el movimiento obrero no solo libró una batalla revolucionaria para conseguir mejoras laborales sino que fue un decisivo impulsor de la corriente democrática europea, como describe el politólogo Wolfgang Abendroth en su obra La historia social del movimiento obrero europeo. Y de muestra, un párrafo en el preámbulo de los estatutos presentados en la Conferencia de la Asociación Internacional de Trabajadores de 1864, en Londres:


“La cual declara: que todaslas asociaciones e individuos que a ella se unan reconocen la verdad, la justicia y la moralidad como su norma de comportamiento entre sí y para con todos los hombres, sin distinción de color, creencia o nacionalidad. Considera el deber de cada uno alcanzar los derechos humanos y cívicos no sólo para sí, sino para todo el que cumpla con su deber. Ni deberes sin derechos, ni derechos sin deberes”.
 
Algunas señoras y señores andan quejándose, ahora, del extremismo ideológico expresado por algunos grupos mediáticos. Dejen de alimentar a la bestia y márquense claramente las líneas que no solo son intransitables para los demócratas, sino a partir de las cuales se debe anular al enemigo ultramontano que pretende viajar no al siglo XIX de Disraeli y Gladstone, sino a las cuevas tan magníficamente descritas por León XIII en su carta encíclica Quod Apostolici Muneris, de 1878:
“Es fácil comprender, Venerables Hermanos, que Nos hablamos de aquella secta de hombres que, bajo diversos y casi bárbaros nombres (…) ya no buscan su defensa en las tinieblas de sus ocultas reuniones, sino que, saliendo a pública luz, confiados y a cara descubierta, se empeñan en llevar a cabo el plan, que tiempo ha concibieron, de trastornar los fundamentos de toda sociedad civil (…) A los poderes superiores les niegan la obediencia, y andan predicando la perfecta igualdad de todos los hombres en derechos y deberes”. 
Tiempos tan complicados como los nuestros, inimaginables hasta hace poco, necesitan de la colaboración y alianza entre la ciudadanía patriota, como la minera. Y exigen serias respuestas democráticas ‒alejadas de la retórica emocional, sea de ministros o de grupos descontentos con el sistema‒, que den clara contestación a los verdaderos miserables y traidores de los que tan solo cabe esperar el autoritarismo o el totalitarismo.











Saturday, 23 June 2012

La cara B

Por Vicente A. Fontelos

María Dolores de Cospedal, pregonera de la Feria de Albacete. Septiembre 2000. Foto: Josema.


Por Vicente A. Fontelos
En su libro Divertirse hasta morir, el discurso público en la era del espectáculo, Neil Postman explica que en el apogeo de la cultura de la imprenta, en el siglo XIX, muchas personas no hubieran reconocido a uno de los presidente de Estados Unidos, Abraham Lincoln, si se hubieran cruzado con él en la calle y, en cambio, lo hubieran logrado a través de la lectura de sus discursos.

Esa orfandad icónica, basada en la mentalidad racional de la letra impresa, sería impensable en nuestra época que, además, añade otra característica: los políticos fabulan historias donde el tiempo es modulado en función de su propio relato. Con el riesgo de que la relación sea modificada por la aparición de otros actores en la búsqueda de su  nueva narración.

José Bono, camino del Santuario de la Virgen de Cortes, en Alcaraz (Albacete). Septiembre 2000. Foto: Josema.

Un día de septiembre del año 2000 -un tiempo definido por ingeniosos intelectuales como los albores del gran despilfarro español-, en el vasto territorio del espacio imaginado por Cervantes, el entonces presidente de la comunidad de Castilla-La Mancha, José Bono, asistía al político rito veraniego de sudar la camisa en la romería de la Virgen de Cortes, en Albacete, arropado por su fiel infantería. Y su segundo, el vicepresidente de Castilla La Mancha, José María Barreda, bromeaba con los periodistas durante una visita para interesarse por los proyectos del aeropuerto y el parque turístico "Reino de Don Quijote", en Ciudad Real.

José María Barreda bromea con periodistas en Ciudad Real. Septiembre 2000. Foto: Manuel Ruiz Toribio.

Es en ese momento espacio-temporal del universo político castellano-manchego, cuando hizo su aparición oficial la tercera protagonista de esta crónica. La entonces subsecretaria del Ministerio de Administraciones Públicas, María Dolores de Cospedal, se encaramó al balcón del Ayuntamiento de Albacete para dar el pregón de la Feria de la ciudad. ¿Vislumbraba una narración política en la cual celebrara su primer año como presidenta de esa comunidad, con el acompañamiento del habitual coro formado por quitamotas y mandrias? ¿Imaginaba su fatum ante la sacrificada e inmensa tarea de poner freno y solución al problema del manirroto carácter nacional que ella, por juventud y subordinado cargo de subsecretaria de Estado, no podía ni tan siquiera entrever?

Se debe destacar que en este espacio público de tipo emocional, donde las narraciones se suceden al ritmo de aparición-desaparición del actor político, ni los hechos están divididos al estilo de las imaginadas estratificaciones históricas, ni los personajes y sus fábulas surgen por generación espontánea. Pues sigue existiendo lo que los antiguos llamaban tener pasado; y los modernos, cara B.


Friday, 15 June 2012

EL CEMENTERIO DEL CAPITALISMO



Trinity Church's cemetery. New York. Mayo 1991. Photo: Vicente Alonso-Fontelos


By Vicente Alonso-Fontelos 

¡Qué demonios pinta un cementerio a los pies del distrito financiero más importante del mundo: Wall Street!
Teóricamente, se trata del camposanto de la Trinity Church pero, como los católicos no acertamos a entender muy bien la noción de hallar tumbas en los jardines de una ciudad, es muy difícil no percibir un halo de intriga en el lugar o una cuestión dudosa que no se acierta a entender a la primera.  
Menos mal que al hilo de los dos aniversarios celebrados el pasado mes de mayo –de cuando Rodríguez Zapatero se hizo casi del PP en 2010; y de la acampada del movimiento 15M en la puerta del Sol, de Madrid, en 2011-, lo he descubierto. Es el agujero negro donde el capitalismo entierra los cadáveres de aquellos que no cumplen las expectativas o han osado desafiarlo.

Saturday, 2 June 2012

Política, fútbol y traidores

Por Pino Fontelos

Fotomontaje. Hinchas en la Plaza Nueva de Bilbao. 26 mayo 2012.


 


        El cine es un medio donde se apelan más a los sentimientos que a los pensamientos, pero como en España la invocación a las emociones es una actitud más habitual que la elaboración de razonamientos, recurriré a la película de Stanley Kubrick, Senderos de Gloria, para explicar el comportamiento de algunos políticos en relación a lo que ocurre con el sector financiero y el dinero público, fútbol de por medio

        Es un filme ambientado en las terribles trincheras francesas de la Primera Guerra Mundial. Al general Mireau (George Macready), se le encarga organizar un ataque a una inexpugnable posición alemana. El coronel Dax (Kirk Douglas) recibe la orden de dirigir la toma de la colina. En el transcurso de la batalla, una parte del regimiento emprende la retirada hacia las trincheras ante la imposibilidad de avanzar, y otra ni siquiera sale de ellas. El hecho provoca la ira del general Mireau que intenta bombardear con artillería a sus propias tropas, como método para hacerles salir a campo abierto y demuestren su valor. Y aunque no lo consigue, se encarga de que el alto mando imponga un castigo ejemplarizante a esos soldados considerados por él como una manada de cobardes.
 
        En una memorable secuencia, el coronel Dax y el general Mireau mantienen una agria disputa por su diferencia de pareceres sobre la culpabilidad o inocencia de algunos de sus hombres, elegidos al azar, a los que se quiere juzgar por el delito de traición. El superior le interpela, exigiéndole que se explique sin tener en cuenta el orden jerárquico, a lo que el subordinado responde con una frase durísima: "Samuel Jonson dijo que el patriotismo es el último reducto del canalla".
 
        Aunque el intento del general, de disparar sobre el propio ejército, es conocido por otro oficial del Estado Mayor, el general George Broulard (Adolphe Menjou), ello no servirá a los acusados como causa exculpatoria, y serán fusilados para servir de ejemplo.
 
         En este filme antimilitarista se termina demostrando cómo los sinvergüenzas son los verdaderos traidores a una patria*, mientras que las personas trabajadoras y decentes son los auténticos patriotas. Lástima comprobar cómo eso no es suficiente para salvar el pellejo.

*Patria (del latín patria, familia o clan > patris, tierra paterna > pater, padre).


Sunday, 20 May 2012

El monarca twittero (II)

Por Pino Fontelos
Kyle of Lochalsh, costa norte de Escocia. Agosto 1991.



Felipe II se encontraba vestido de elegante negro español, pese al agosto castellano, ante la inminente llegada de un correo con noticias sobre la Grande y Felicísima Armada en su campaña contra los ingleses. La ocasión lo merecía. Un hombre joven entró en la hermosa estancia acompañado de uno de sus consejeros reales. Y cuando le acercaron una bandeja de plata con la esperada misiva, descubrió un papelito en el que apenas cabrían unas pocas palabras; nunca hubiera podido imaginar su pequeño tamaño en relación con la noticia más importante del momento. Leyó en voz apenas audible: La Grande y Felicísima Armada no ha cumplido con la misión encomendada por culpa de los elementos fracasando en su intento de conquistar Inglaterra.

"¿Solo estas palabras; nada más?”, interrogó el Rey al enviado.

“Majestad, es una práctica nueva de enviar correos. A través de variados senderos, conseguimos enviar y recibir mensajes casi en tiempo presente. Es más importante el contenido que su extensión”, respondió orgulloso el mensajero.

“¿Pero, es esto todo lo que podré a contar a mis súbditos sobre esta empresa?", respondió Su Alteza, dirigiéndose a su consejero.

“Majestad, contienen toda la emoción necesaria –respondió con presteza el inteligente consejero real-. ¿Para qué quieren más?"

“¿Qué habrá ocurrido, en verdad? Al desconocer los hechos, tanta brevedad solo produce desazón”, exclamó desesperado el rey.

"Ya, majestad, pero ese es el precio a pagar por la eficacia. Y debemos velar por nuestros intereses”, respondió el consejero. “¿Puede retirarse el enviado?”.

El Rey le agradeció los servicios prestados al Imperio antes de verle desaparecer.

“Majestad, debemos premiar a los hacedores de esta herramienta por su contribución a la Corona en la aportación de tan importante relato. ¿Qué tal la Real Orden de Ortega y Gasset?", indicó otro consejero.

El Monarca asintió con la cabeza y, girando el rostro, dejó sentir en su piel la intensa luz de la mañana atravesando los enormes ventanales del Palacio en el Real Sitio de San Lorenzo del Escorial.

"¡Que inmenso el mundo, para tan pocas palabras!", musitó para sí mismo.